El abrazo muegano...
Al salir a la calle en medio del violento movimiento de tierra que nos sacudió hasta el alma me uní a un abrazo de tres, éramos cuatro unidas tratando de aguantar el miedo entre nuestros brazos.
Luego salí corriendo de la calle Victoria hacia Tlatelolco con el corazón latiendo fuerte, la angustia en la piel y el único pensamiento de ver a mi hija con bien. Llegué a Ricardo Flores Magón y vi la torre de Banobras en pie, respiré llenando mis pulmones y mis pies reaccionaron.
Todo bien. Entré a la escuela de mi pequeña y nuestros ojos se abrieron más, como dándonos calma con la mirada, corrimos y nos abrazamos largamente. Agradecí infinitamente tenerla en mis brazos.
Llegamos a nuestro punto de encuentro familiar: una de mis hermanas, mis sobrinos, mi hija y yo en un abrazo lleno de nervios, agradecimiento y amor. Llegó mi otra hermana: seis en el abrazo, luego mi madre: siete. Y al final mi héroe: mi papá, cansado, nervioso y bien lo conozco ocultando su miedo para darle seguridad a sus hijas, esposa y nietos en nuestro abrazo muegano de ocho.
Conforme la tarde se hizo noche y las horas nos regalaron más vida luego del terremoto, vi como todos los mexicanos decidimos darnos un abrazo muegano: que esperanzador ver la reacción, que orgullo ser de este país, de esta generación...
Agradezco hoy estar aquí. Falta mucho por hacer, que siga el abrazo. #FuerzaMéxico
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